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Secretos y revelaciones del Santo Sepulcro, donde fue enterrado Jesús y resucitó

El templo se encuentra en el mismo sitio donde estaba ubicada la cueva donde José llevó el cuerpo de Jesús y permaneció los tres días anteriores a su resurrección. Fue erigido sobre un templo romano por el emperador Constantino. En el año 2017 fue objeto de un profundo estudio y puesta en valor, que confirmó lo que decían los Evangelios.

El pequeño espacio del Santo Sepulcro en Jerusalén condensa más de dos mil años de la historia de la civilización romana-judeo-cristiana. Allí, Jesús fue enterrado tras morir en la Cruz. Al tercer día resucitó, salió de la cueva donde había sido sepultado y luego ascendió a los Cielos. Pero como sucede con otras manifestaciones de la Fe, flota una pregunta: ¿es un mito religioso o una historia que la arqueología puede comprobar?

El estudio del lugar proviene directamente de los evangelios que narran el momento de la crucifixión y muerte de Jesús y su posterior sepultura. Leemos en Mateo 27:33: “Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calavera”; en Marcos 15:22 algo similar: “Le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido significa: Lugar de la Calavera”; en Lucas 23:33 otro tanto: “Cuando llegaron al lugar llamado “La Calavera, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda”; y en Juan 19:17 se repite la narración: “Tomaron, pues, a Jesús, y Él salió cargando su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota”. Es decir que los evangelistas nos ubican en un lugar de la antigua Jerusalén: el lugar llamado “Gólgota”.

En Marcos 15:45 se lee sobre su entierro: “Y comprobando esto por medio del centurión, le concedió el cuerpo a José, quien compró un lienzo de lino, y bajándole de la cruz, le envolvió en el lienzo de lino y le puso en un sepulcro que había sido excavado en la roca; e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María, la madre de José, miraban para saber dónde le ponían”. Acá vemos otra referencia: era un sepulcro cercano al lugar de la ejecución.

El apelativo “lugar de la calavera” en arameo es gagûltâ, de la que se deriva la palabra hebrea calavera. Era un sitio para ejecuciones públicas, y que el nombre hiciera referencia a “cráneo” podría referir a los ejecutados en ese lugar, o a que estuviera situado cerca de un cementerio o a la forma del monte. “El Gólgota se encontraba en la pared vertical del altar de la basílica de Constantino y lejos de la tradicional roca del monte”. Los planos publicados en el libro indican la situación del Gólgota con un margen de error de menos de dos metros, por debajo del pasaje circular situado a un metro de donde se dice que se recuperó la ropa ensangrentada de Jesús.

En la antigüedad, el lugar de ejecuciones era conocido y los seguidores de Jesús concurrían a ese lugar en veneración. Sin embargo, el emperador Adriano decidió hacer desaparecer todo rastro del sitio por su desprecio a estos seguidores de Cristo. Mandó rellenar una cueva donde había un sepulcro y construyó sobre él un templo dedicado a Júpiter y a Venus. Excavaciones arqueológicas bajo la Iglesia del Santo Sepulcro han revelado grafittis de peregrinos de tiempos en los que todavía estaba el templo de Júpiter y Venus. Se puede ver la silueta de un barco -un símbolo paleocristiano muy común- y la frase “Dominus Ivimus”, que significa, “Señor, nosotros vinimos”.

El emperador Constantino el Grande, luego de firmar el Edicto de Milán en el año 313, que legalizaba la religión, encomendó a su madre Helena marchar hacia Jerusalén para encontrar la tumba de Jesucristo.

Constantino ordenó en torno al año 326 que el templo de Júpiter y Venus fuera reemplazado por una iglesia. Y el templo cristiano se consagró el 13 de septiembre de 335. Constaba de espacios muy bien diferenciados: un atrio cerrado y el tripórtico que marcaba el lugar que era asociado tradicionalmente al calvario. Atravesando un espacio abierto se encontraba la llamada “Rotonda” (“capilla de la resurrección”).

En 1555 se instaló un santuario de mármol donado por Bonifacio de Ragusa para cubrir los restos del sepulcro y se colocó una losa de mármol sobre el lecho funerario de piedra caliza tapando el sepulcro. Es la misma que se observa hoy en día.

En el 2016 las seis iglesias cristianas que custodian el Santo Sepulcro: la Iglesia ortodoxa griega, católica romana, apostólica Armenia y las ortodoxas Siria de Antioquía, copta y etíope dieron su aval para que un equipo de la Universidad Técnica Nacional de Atenas lleve a cabo una inspección y restauración del “Edículo” y de la “Rotonda”.

Por primera vez desde 1555 se levantó la losa que cubría el sepulcro. El momento más emocionante fue observar el lugar donde fue depositado el cuerpo de Cristo. Cuando se abrió la losa se pudo ver el material de relleno (argamasa) en su interior. Y la noche del 28 de octubre se descubrió la piedra caliza de la cama funeraria, la cual fue encontrada intacta, lo que sugería que la localización de la tumba no había cambiado a lo largo del tiempo y confirmaba la existencia de una cueva de piedra caliza original en el interior de la “Rotonda”. La National Geographic Society también participó de la restauración. Su arqueólogo Fredrik Hiebert se mostró muy sorprendido por la cantidad de argamasa que se halló en el lugar. Sería la misma con que los romanos decidieron sellar la sepultura.

La obra tardó diez meses en ser ejecutada y la jefa del grupo de restauración dijo en su discurso de finalización de tareas: “Ahora se puede ver el color y la textura, las inscripciones, los frescos, junto a la centenaria estructura donde la tradición cristiana sitúa el enterramiento y resurrección de Jesús.

A pesar de la complejidad de los trabajos de restauración ejecutados, el templo del Santo Sepulcro permaneció abierto durante todo el proceso, y solo fue cerrado al público durante 36 horas. Ese momento se destinó a retirar la lápida que cubría la fosa original de Jesucristo, un hecho que no ocurría desde hacía cinco siglos. Ahora los fieles pueden contemplar el lugar del Santo Sepulcro limpio, restaurado y libre de los elementos acumulados durante tantos años.

Por Gerardo Di Fazio / 20 de Marzo 2021 / Infobae

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