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Descanso para nuestras almas

Notemos qué a diferencia de nosotros, Jesús no sufrió de miedo al fracaso. Es porque nunca le pasó por la mente el no poder hacer algo que su Padre ya le había asegurado que podría hacer. Y tampoco sufrió de miedo a la escasez. Aunque vivió una vida sencilla, fue responsable de su propio mantenimiento y del de un grupo de personas.

¿Cómo lo hizo? Oraba mucho y se mantenía en comunión con su Padre Celestial. Por consiguiente, sabía cómo pescar cuando los peces no picaban o encontrar el dinero de los impuestos en la boca de un pez cuando lo necesitó. Tal vez Dios no te provea de la misma forma, pero ha prometido cuidarte.

Jesús te está diciendo hoy: “Venid a mí” aprended de mí “y hallaréis descanso para vuestras almas”. (Mateo 11:29).

Cada vez que entras en un torbellino de interrogantes sobre el qué, el cuándo, el cómo, el dónde, entrégaselo a Jesús. No a ese Dios pequeño de tu entendimiento, sino al gran Dios cuyos hechos hablan por sí mismos, cuya fidelidad nunca falla.

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