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Calma en la tormenta

Cambió la tempestad en suave brisa: se sosegaron las olas del mar. Ante esa calma se alegraron, y Dios los llevó al puerto anhelado. (Salmo 107:29-30)

A veces atravesamos situaciones difíciles que nos causan un sentir de miedo, apuro y aflicción. De repente, nos olvidamos e intentamos resolver la situación a nuestra manera sin esperar en Dios.

Los discípulos enfrentaron una situación parecida. Estaban en una barca con Jesús (que estaba durmiendo). Cuando vino una gran tempestad, llegaron a temer lo peor, porque se olvidaron que Jesús estaba con ellos. Cuando clamaron a Jesús, Él resolvió todo calmando la tormenta.

Si tenemos a Jesús en la “barca de nuestra vida” no tenemos que temer, pues Él es el Dios de lo imposible que calma las tormentas, cuida de todo y nos sostiene para que podamos continuar. Ten fe y confía en Jesús pues él te guiará al puerto deseado.

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